Isla Cristina se prepara para responder mejor ante los riesgos climáticos con el proyecto “Islas de Biodiversidad”
Una sesión de trabajo técnico-política marca el avance de la iniciativa, que busca hacer del municipio un espacio más resiliente a las altas temperaturas mediante la renaturalización y la creación de un mapa de calor local.
El Ayuntamiento de Isla Cristina ha celebrado una sesión de trabajo técnico-política en torno al proyecto “Islas de Biodiversidad de Isla Cristina”. El encuentro sirvió para revisar los objetivos de la iniciativa y avanzar en la identificación de las zonas más vulnerables a las altas temperaturas.
El proyecto, presentado a la convocatoria de subvenciones de la Fundación Biodiversidad —cofinanciada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER)—, tiene como finalidad reforzar la infraestructura verde del municipio, contribuir a la adaptación climática y mejorar los servicios ecosistémicos urbanos. Ante veranos cada vez más calurosos, la propuesta pretende convertir a Isla Cristina en una ciudad más resiliente frente a las olas de calor.
En la primera parte de la sesión participaron las áreas de Urbanismo, Servicios Generales, Educación, Medio Ambiente y Vivienda, que reflexionaron sobre las acciones a desarrollar en los próximos años. Posteriormente, se llevó a cabo una práctica de diagnóstico en espacios públicos —entre ellos un centro educativo— con la toma de mediciones de temperatura. A través de un dispositivo especializado, se registraron temperaturas en distintos pavimentos y elementos de mobiliario urbano, tanto en sombra (árboles y carpas) como en sol directo, incluyendo jardines, plazas y el nuevo espacio del bulevar.
Estos datos resultan esenciales para identificar los denominados “desiertos bioclimáticos urbanos” o “puntos de calor”, zonas que alcanzan temperaturas significativamente más altas debido a la absorción y liberación lenta de calor por parte de pavimentos y estructuras, en contraste con las superficies verdes. El análisis de estas mediciones permitirá elaborar un mapa de calor local, herramienta clave para diseñar soluciones de mitigación efectivas.
El proyecto IBIC —acrónimo de la iniciativa— contempla acciones como la renaturalización de patios escolares y espacios urbanos, así como la puesta en marcha de un programa de educación ambiental bajo el lema “Se protege lo que se ama y solo se ama lo que se conoce”. La participación de la comunidad educativa será fundamental para sensibilizar sobre la importancia de la bioeconomía local y la adaptación al cambio climático.
Se espera que los resultados tengan un impacto positivo en el municipio: incremento de la biodiversidad urbana, creación de empleo verde y fortalecimiento de la capacidad de gestión local a través de la colaboración interdepartamental. En definitiva, el proyecto busca consolidar un territorio más biodiverso, resiliente y cohesionado, preparado para afrontar los desafíos del cambio climático.










